Estimad@ President@ de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF):
Le escribo desde una doble condición. La primera como estudioso, desde hace años, de la política fiscal española y, por consiguiente, intenso usuario de los datos, estimaciones y análisis de la AIReF. La segunda, y no menos importante, como ciudadano preocupado por la calidad e independencia de las instituciones de nuestro país, entre las que obviamente se encuentra la AIReF.
Como sabrá, las instituciones trascienden la infraestructura que las soporta y las normas que regulan su funcionamiento. Evolucionan también, y de manera determinante, de la mano de las personas que la dirigen y componen. A día de hoy, el listón se encuentra muy alto. Cristina Herrero, por su cualificación, independencia y estilo personal, ha sabido manejarse de una forma magistral en las agitadas aguas de la pandemia, el cambio de las reglas fiscales europeas, la actual ausencia de facto de las españolas y una polarización política que ya hace tiempo que nos agota como ciudadanos.
Reconocer su figura no significa asumir todas sus decisiones e iniciativas. He discrepado de la AIReF en temas técnicos, estratégicos y de enfoque. Sin ánimo de ser exhaustivo puede consultarlos en el Apéndice A2 de este documento. Pero eso no me impide calificar a la antigua Presidenta como una figura excepcional dentro de la Administración Pública española, que merecía otra consideración en la etapa final de su mandato.
Como le escribo desde el pasado, desconozco cuál será la cualificación profesional del candidat@ finalmente elegid@ para la Presidencia de la AIReF. Pero sí tengo claro que, siendo una condición necesaria, no es suficiente. Recuerde cómo está compuesto, por ejemplo, el European Fiscal Board, la AIReF europea.
Profesionales cualificados para dirigir la AIReF pueden encontrarse en el mundo académico y entre el alto funcionariado. Pero tanto entre los unos como entre los otros, la exigencia de independencia política es indispensable.
Le pongo un ejemplo cercano. Ejercí como Secretario General de Financiación Autonómica y Local en el Ministerio de Hacienda hasta principios de 2020. Y podría haberme postulado, de una forma u otra, como posible Presidente de la AIReF en ese momento de cambio. Pero sabía con certeza que mi independencia iba a estar condicionada por mi reciente trayectoria, tanto para los demás como para uno mismo. Así que, en la elaboración de quinielas, tuve y dejé claro desde el primer minuto que no aspiraba a ese puesto y quizás por eso ni siquiera me lo ofrecieron. Mejor para todos.
Eso me lleva a pensar que si, por alguna circunstancia, usted procede de ese ámbito, la transición no va a resultar fácil. Conseguir una buena reputación en las instituciones es una tarea ardua y prolongada en el tiempo. Podría recurrir al cliché de que la credibilidad “una vez perdida se tarda mucho en recuperarla” pero me voy a remitir a este trabajo del premio Nobel de Economía Jean Tirole para expresarlo de otra forma.
Para contar con buena o mala reputación, los historiales son determinantes. Y éstos, a su vez, están muy condicionados por los compañeros de viaje. Uno puede llegar con el mejor de los propósitos y una excelente cualificación pero, en condiciones de información imperfecta, si el historial no acompaña, mal asunto. Surgen varios posibles equilibrios y el que reúne más probabilidades es el negativo de baja reputación, a pesar de que exista una arquitectura institucional exógena con pretensiones limpias y puras. No se impediría el deterioro de la institución, contagiando incluso al comportamiento de otros en el futuro.
Supongamos que, dentro de seis años, llega el momento de renovar nuevamente la Presidencia de la AIReF. Sentado un precedente como el de nombrar ahora a un alto cargo en ejercicio, ¿qué impediría que otros hiciesen lo mismo? O que incluso lo de la cualificación fuese algo secundario. Las instituciones ya no se derrumban de manera súbita, sino que se deterioran progresivamente hasta que se convierten en una entelequia.
Y en ese contexto de escasa reputación, derivado de nombramientos que no mantienen la suficiente distancia con el Gobierno, se alimentan efectos indeseados. El primero, extender la desconfianza sobre las valoraciones de la AIReF hacia el análisis de los expertos y las opiniones de los ciudadanos. En un momento como el actual, con grave tendencia hacia la generación de bulos y fake news, podríamos inaugurar un triste debate sobre si lo que dice la AIReF está fundamentado en su tradicional solvencia técnica o, por el contrario, contiene pretensiones de la parte gubernamental.
¿Con qué distancia puedo suponer que se van a elaborar futuros análisis sobre el impacto de la reforma de la financiación autonómica o la condonación de deuda de las Comunidades Autónomas sobre las finanzas públicas?
El segundo efecto indeseado se podría situar en el extremo opuesto. Dado que las reglas fiscales en ocasiones tienden hacia el furor del converso, podemos encontrarnos con que la nuev@ President@ de la AIReF sobrerreaccione con excesivo celo para alejar fantasmas sobre su reputación. Me sitúo, por ejemplo, en un caso actual: el incumplimiento del mandato constitucional por parte del gobierno al no presentar Presupuestos Generales del Estado.
En esta tesitura, la nueva AIReF podría valorar alternativas de enfrentamiento directo y frontal con el gobierno a fin de lograr una reputación de la que carece inicialmente: denuncia ante los tribunales, elevar el asunto a la Unión Europea, etc. Antecedentes hay. Y no me parecen soluciones constructivas. Por supuesto, tampoco dar la callada por respuesta.
Y un tercer efecto no deseable, y más bien interno, puede amenazar a la actual solvencia técnica de la AIReF. Es bien sabido que, en estos momentos, su plantilla es muy cualificada y con elevada motivación. Lo vengo verificando personalmente desde hace años. Un deterioro en la reputación de la institución puede provocar el éxodo de l@s mejores, iniciando un proceso de selección adversa que destruye por dentro a las instituciones.
Acabo. Como le decía al principio, considere estas reflexiones como las inquietudes de un ciudadano y estudioso del tema que siempre ha tenido a la AIReF en muy alta estima. Creo que se trata de uno de los tesoros institucionales del país. Y la tarea que tiene por delante es mayúscula, con nuestra gobernanza fiscal empantanada y sin salidas a la vista. Así que, en los próximos años, continuaremos estando muy pendientes de su trabajo, siendo inevitable que miremos hacia atrás.
Suerte y aciertos.
