La formación es uno de los principales mecanismos a través de los cuales las empresas invierten en capital humano, lo que aumenta su productividad y facilita su adaptación al cambio tecnológico. Sin embargo, dado que la formación conlleva costes a corto plazo, mientras que sus beneficios se distribuyen a lo largo del tiempo, los incentivos de las empresas para formar a sus trabajadores dependen en gran medida de la duración esperada de la relación laboral.
Esta disyuntiva es especialmente relevante en mercados laborales duales, con gran prevalencia de contratos temporales, como el español. Durante décadas, España ha tenido una de las tasas de temporalidad más altas entre los países de su entorno, que no se había logrado reducir pese a los sucesivos intentos de reforma del mercado de trabajo. Por ello, en 2021 se aprobó una reforma laboral que restringió drásticamente el uso de la contratación temporal, con el fin declarado de aumentar la estabilidad en el empleo (Real Decreto-ley 32/2021, de 28 de diciembre, de medidas urgentes para la reforma laboral, la garantía de la estabilidad en el empleo y la transformación del mercado de trabajo).
En concreto, la reforma laboral eliminó los contratos por obra y servicio (que suponían un tercio del total de contratos temporales) y restringió el uso de otros tipos de contratos temporales. El hecho de que entrara en vigor casi de manera inmediata, con un periodo transitorio muy breve, en todo el país, y que existiera una gran variación en la prevalencia de la contratación temporal entre las distintas ocupaciones, es una fuente de variación que permite analizar el impacto de una mayor estabilidad contractual sobre distintas variables.
En un artículo reciente (publicado aquí y aquí), analizamos los efectos de la reforma laboral en la formación ofrecida por las empresas, respondiendo a una pregunta central en la literatura: si una política que genera un aumento de la estabilidad contractual puede aumentar los incentivos de las empresas para ofrecer formación. Para ello, utilizamos datos de 3,1 millones de ofertas de trabajo online de la plataforma Indeed entre 2018 y 2024, implementando una metodología de diferencias en diferencias que considera la variación en la incidencia de la temporalidad entre las distintas ocupaciones antes de la reforma.
Nuestros resultados muestran (utilizando tanto los datos de ofertas de empleo como los datos de encuesta de la European Labour Force Survey) que la reforma logró su objetivo de reducir la contratación temporal. Así, las ocupaciones con mayor exposición a la reforma (es decir, aquellas que se encontraban en el tercil superior de tasa de temporalidad) experimentaron una disminución en la proporción de contratos temporales en sus ofertas de empleo 21 puntos porcentuales mayor que las de menor exposición (en el tercil inferior). En particular, dos tercios de esta disminución se compensó con el aumento de contratos indefinidos, mientras que el resto corresponde a contratos fijos discontinuos.
Por otro lado, las ocupaciones con mayor exposición a la reforma experimentaron un aumento de la formación ofrecida por las empresas 4,3 puntos porcentuales mayor que las de menor exposición, lo que supone un 50% de aumento respecto a los datos de antes de la reforma que permitió cerrar, en 2024, la brecha que existía entre ocupaciones con alta y baja incidencia de la temporalidad (que era de 5,1 puntos en el periodo 2018-2021).
Los resultados evidencian que no había diferencias en la evolución de la temporalidad ni en la medida en que las empresas ofrecían formación antes de la reforma entre ocupaciones de alta y baja exposición; es decir, que las tendencias eran paralelas entre los grupos de tratamiento y control. Además, son robustos a definiciones alternativas del tratamiento, niveles de agregación de las ocupaciones y a la inclusión de variables de control, así como a diversas pruebas de placebo en otros periodos y países: por ejemplo, no se observan cambios en países de nuestro entorno como Francia, Alemania, Holanda y Reino Unido. Además, mostramos que el aumento en la oferta de formación no es fruto de mayores dificultades para contratar (no se observan cambios en la duración de las ofertas de empleo ni aumentos en otros beneficios habituales).
Finalmente, mostramos que la reducción en la temporalidad se observa también en los datos de la European Labour Force Survey, así como que (en la especificación con controles individuales) se observa un incremento, más pequeño pero significativo, en la formación formal en las ocupaciones de mayor exposición, lo que sugiere que la intención de ofrecer formación por parte de las empresas se está traduciendo en resultados efectivos.
En conjunto, nuestros resultados muestran que reducir la incidencia de la contratación temporal aumenta los incentivos de las empresas para ofrecer formación a sus trabajadores. Las instituciones del mercado de trabajo influyen no solo en la composición de la contratación, sino también en los incentivos de las empresas para invertir en capital humano: así, una reforma que reduce la posibilidad de recurrir a contratos temporales puede hacer que las empresas internalicen los costes de la formación y la inversión en competencias y habilidades. De este modo, una mayor estabilidad puede contribuir a reducir las diferencias entre ocupaciones en términos de acumulación de capital humano.
