El desacople entre el poder adquisitivo de los salarios reales y el coste laboral para las empresas

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Los trabajadores asalariados en España representan aproximadamademente el 86% de los ocupados, el 46% de la población en edad de trabajar y el 37% de la población total. La importancia de estos pesos es suficiente como para que la evolución de la capacidad de compra de los sueldos y salarios que en promedio reciben estos trabajadores afecte de forma significativa al bienestar de la sociedad. En esta nota mostramos cómo, desde el año 2007, la evolución divergente entre los precios que los hogares pagan por los bienes y servicios consumidos, y los precios a los que las empresas venden sus productos, ha repercutido en la brecha negativa entre los salarios reales, medidos en términos de capacidad de compra, y el coste del trabajo soportado por las empresas. El estancamiento acumulado de la remuneración real de los asalariados es consistente con la percepción de los trabajadores de que las dos fases expansivas habidas, tras la Gran Recesión y tras le crisis del COVID, no se han visto reflejadas en una mejora significativa de los ingresos procedentes del trabajo, que han crecido incluso por debajo de las escasas ganancias de productividad. Por otra parte, el aumento en el coste del empleo por asalariado, al que el rápido crecimiento en las cotizaciones sociales también ha contribuído, sigue más de cerca la evolución de la productividad, y encaja con la visión de las empresas de que éstas no se han beneficiado de las caídas en el salario real de los trabajadores en los últimos 15 años.

Gráfico 1. Evolución del IPC y el deflactor del PIB (2007=100)

Fuente: Elaboración propia a partir del INE

El Gráfico 1 muestra la evolución del deflactor del PIB y del IPC. En el Cuadro 1 puede verse que, entre 2007 y 2024, el IPC creció diez puntos porcentuales más que el deflactor del PIB, lo que significa que la tasa de inflación acumulada de los precios del consumo ha sido significativamente mayor que la de los precios de la producción, con el grueso del desacople entre ambos índices habiéndose producido antes de la crisis del COVID.

Con la información procedente de la Contabilidad Nacional de España, hemos dividido la partida de los sueldos y salarios totales, en términos nominales, entre el número de asalariados equivalentes a tiempo completo, y corregido su evolución temporal utilizando el IPC. El resultado puede interpretarse como el salario medio anual en términos de capacidad de compra. Por otra parte, restando los impuestos sobre la producción netos de subvenciones del PIB corriente a precios de mercado, se obtiene el PIB a coste de los factores, y el resultado se ha dividido entre los asalariados equivalentes a tiempo completo. La serie obtenida se ha corregido utilizando el deflactor del PIB, que es el factor relevante (y no el IPC) para informar las decisiones de las empresas. Esta serie es una aproximación a la productividad media de los salariados.

Gráfico 2. Brecha entre salario medio y producción por asalariado (2007=100)

Fuente: Elaboración propia a partir del INE

El Gráfico 2 ilustra el desacople entre el salario medio real en términos de capacidad de compra y la productividad del trabajo asalariado que se observa claramente a partir del año 2009. Entre el año 2009 y el año 2019 el salario real cayó un 2,5% (Cuadro 1) y, desde entonces, la tasa de crecimiento acumulada ha sido prácticamente nula. Por otra parte, durante ese mismo periodo la producción por asalariado aumentó un 8,7%. En 2019, la diferencia entre la producción media por asalariado y el salario real relevante para el trabajador era 11 puntos porcentuales mayor que en el año 2007. La crisis del COVID ayudó a reducir, pero no a cerrar, parte de la brecha negativa acumulada durante los años de expansión, tras la crisis financiera, entre la productividad y los salarios reales, que en la actualidad todavía se sitúa seis puntos por encima de la de 2007.

Gráfico 3. Coste laboral y producción por asalariado (2007=100)

Fuente: Elaboración propia a partir del INE

Sin embargo, la teoría económica nos indica que, bajo ciertas condiciones de competencia, el salario real (medido como un coste para la empresa relativo al precio de producción) no debería divergir de la productividad en el medio plazo. Este salario real, que es el relevante para la toma de deciciones de la empresa, se ha obtenido a partir de la remuneración total de los asalariados de la contabilidad nacional (sueldos y salarios, incluyendo cotizaciones a la seguridad social a cargo del empleador), dividido por el número de asalariados a tiempo completo, y deflactado por el deflactor del PIB. El Gráfico 3 muestra que, a diferencia del salario real en términos de capacidad de compra del trabajador, el salario real entendido como coste medio de producción por asalariado, ha tenido desde 2007 un crecimiento acumulado muy parecido a la producción agregada por asalariado (un 15% el coste laboral por asalariado, y un 14% la producción por asalariado). Como consecuencia, el coste laboral unitario del trabajo asalariado (coste del trabajo asalariado por unidad de producción) ha aumentado un 1% entre 2007 y 2024 (Cuadro 1), con una caída del 5% entre 2010 y 2013, y un aumento del 6.5% desde el 2017.

Gráfico 4. Salario medio, coste laboral y cotizaciones por asalariado (2007=100)

Fuente: Elaboración propia a partir del INE

El Gráfico 4 muestra que la diferencia en la evolución temporal de lo que le cuesta en términos medios un trabajador a una empresa, y el reflejo que el salario tiene en el poder adquisitivo del trabajador es llamativa. El salario real para el trabajador creció un 8.4% en los dos años posteriores a la Gran Crisis financiera, de forma parecida al coste de un asalariado para la empresa. Sin embargo, desde entonces y hasta la actualidad el salario medio ha caído un 2%, no superando el nivel de 2009 en ninguno de los años posteriores. Además, es interesante destacar, en relación al gráfico, dos características. La primera es la distinta evolución del coste laboral por aslariado durante la crisis financiera de 2007 y la crisis de la COVID de 2020 (Cuadro 1), que explica en parte el mejor comportamiento del empleo en la última. La segunda se refiere a la evolución de las cotizaciones sociales por trabajador a cargo de la empresa, que son parte del coste laboral de las empresas, y que entre el año 2017 y 2020 aumentaron un 14%.

Cuadro 1. Salario, coste y producción por asalariado (tasas de crecimiento en %)

Fuente: Elaboración propia a partir de la CNE

Aunque, como hemos visto, el salario real para el trabajador asalariado ha tenido un desempeño decepcionante en los últimos 15 años, resulta interesante saber si se ha tratado de un fenómeno generalizado, o pueden existir diferencias en función del nivel de salario percibido. La Encuesta de Población Activa publica información anual del salario medio mensual del empleo principal, en términos nominales, por decil. Dado que la unidad de medida (salario del empleo principal) no es directamente comparable con el salario medio por asalariado a tiempo completo que hemos obtenido de la contabilidad nacional, en el Cuadro 2 se muestra la comparación entre las tasas de crecimiento de ambas medidas, una vez transformamos la de la EPA en términos reales utilizando el IPC. Como puede observarse, las tasas de crecimiento por subperiodos son muy similares, lo que apoya la consistencia entre la utilización de las dos fuentes.

Cuadro 2. Remuneración media de los asalariados y salario medio mensual del empleo principal (tasas de crecimiento en %)

Fuente: Elaboración propia a partir de la CNE

Cuadro 3. Salario del empleo principal por decil (tasas de crecimiento en %)

Fuente: Elaboración propia a partir de la EPA

El Cuadro 3 muestra cómo ha cambiado el salario en términos de poder adquisitivo por trabajador11 por decil de salario. En los dos años posteriores a la crisis financiera, en los que observamos un acusado aumento de los salarios reales medios, los salarios aumentaron de forma monótona a partir del tercer decil, siendo los trabajadores perceptores de los salarios más altos los que más vieron aumentar sus salarios (casi un 15%). En cambio, los trabajadores de los dos primeros deciles sufrieron caídas en su salario real, que para los del primer decil alcanzó el 3%. Entre el 2009 y el 2019 (año anterior a la pandemia de COVID) el salario real cayó en todos los deciles excepto en los dos primeros. Así, mientras los salarios reales disminuyeron casi un 5% para el segundo decil de salarios más elevados, subieron un 5% para el decil de salarios más bajos. En los años de la pandemia y posteriores, hasta el 2023, los salarios cayeron en todos los deciles excepto en los tres más bajos. De nuevo, el decil noveno fue el más perjudicado, con caídas acumuladas que superaron el 3%.

En resumen, aunque el coste del trabajo por asalariado ha crecido en línea con la productividad (un 15% frente al 14%) desde 2007, el salario real medido por la capacidad de compra ha permanecido prácticamente estancado, e incluso ha disminuido en ciertos periodos. Esta divergencia se explica por una mayor inflación de los precios de consumo frente a los precios de producción, especialmente antes de la pandemia. Además, el crecimiento de las cotizaciones sociales ha incrementado el coste laboral, sin que ello se haya traducido en mejoras salariales para los trabajadores. A nivel distributivo, desde 2009 y tras la pandemia, los deciles bajos han experimentado algunas mejoras relativas, mientras que los deciles altos han sufrido mayores caídas en poder adquisitivo. Estos resultados ponen en evidencia una percepción social de que las fases expansivas no se han traducido en mejores ingresos laborales para la mayoría de los trabajadores.


  1. Una limitación de la información presentada es que se supone el mismo IPC para todos los 10 grupos de hogares, cuando pueden existir diferencias entre el IPC relevante para cada grupo por diferencias en la cesta de la compra. ↩︎
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